Mexicali, Baja California – El lugar de trabajo de Jorge Heras y Eduardo Villa, con Ciudad Capital, cerró las puertas tras el ataque contra el comunicador.
La empresa anunció una pausa total en las operaciones de Casa Creala, la casa productora independiente donde ocurrió la brutal agresión contra el periodista Jorge Heras el 26 de agosto de 2025. Este cierre temporal, revelado en un comunicado oficial firmado por el director y fundador Manuel Ojeda, representa un golpe directo no solo a la libertad de expresión, sino al ecosistema mediático local, en un contexto de creciente violencia contra comunicadores en México. La agresión a Heras, director del portal Lindero Norte y conductor del programa «Ciudad Capital» transmitido desde Casa Creala, se produjo a las afueras de las instalaciones en la colonia Cuauhtémoc. Dos individuos, disfrazados de barrenderos, lo interceptaron con el pretexto de pedir agua, para luego golpearlo en el rostro y patearlo mientras le gritaban: «Heras, para que le bajes de huevos».
El incidente, captado por cámaras de seguridad, dejó al periodista con lesiones en la nariz y costillas, y un temor palpable por su vida, ya que uno de los agresores simuló sacar un arma. Heras, con más de 15 años de trayectoria enfocada en denuncias de corrupción policial y abusos de autoridad, vinculó el ataque a sus coberturas recientes sobre operativos ilegales de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana (FESC) y centros de rehabilitación irregulares como la Patrulla Espiritual. En respuesta inmediata, la Fiscalía General del Estado (FGE) de Baja California inició una investigación por atentado contra la libertad de expresión. Horas después, se detuvo a un policía municipal activo, Hugo «O», junto a su hermano, en un cateo en el fraccionamiento Cantabria. Se les acusa de facilitar la huida de los agresores en un vehículo Jetta negro, con armas y cargadores asegurados en el domicilio.
La fiscal María Elena Andrade Ramírez confirmó que se identificaron a los dos golpeadores directos –un hombre calvo y robusto, y otro delgado–, pero aún se busca al autor intelectual. La gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda condenó los hechos, prometiendo «no impunidad», mientras la Comisión Estatal de Derechos Humanos abrió un expediente y exigió medidas de protección.
Organizaciones como Article 19 y el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) han alertado que este caso se suma a los 10 asesinatos de periodistas en México en 2025, un aumento del 13.9% en agresiones documentadas el año anterior. El comunicado de CasaCreala, emitido el mismo día del ataque, trasciende la condena inicial a la violencia. Ojeda, quien enfatiza la independencia editorial y el modelo colaborativo de la productora –que impulsa proyectos de comunicación de gran escala sin interferencias–, revela que la seguridad de los colaboradores es su «máxima prioridad».
Sin embargo, la agresión ha vulnerado esa base: «Hoy, la seguridad se ha visto vulnerada y ese combustible [la motivación] está casi agotado». Por ello, se anuncia una «pausa total en las instalaciones», descrita como indispensable para «entender, sanar, reestructurar desde los cimientos y, sobre todo, reencontrar la paz y la pasión que merecen ver reflejadas en pantalla».
Aunque no se especifica duración, fuentes cercanas indican que podría extenderse indefinidamente, afectando transmisiones como «Ciudad Capital» y colaboraciones externas. Este cierre temporal –o potencial definitivo, según analistas– subraya la fragilidad de los medios independientes en regiones como Baja California, donde la violencia contra la prensa ha escalado un 20% en el último año, según datos de la Secretaría de Gobernación.
El gremio local, incluyendo la Red de Periodistas de Mexicali, exige justicia y protocolos robustos de protección, recordando que silenciar a uno es amenazar a todos.
En redes sociales, #JusticiaParaHeras y #NoAlSilencio han movilizado apoyo masivo, con mensajes de solidaridad de figuras como la alcaldesa Norma Bustamante. Mientras la investigación avanza, el vacío en CasaCreala simboliza cómo la intimidación no solo hiere cuerpos, sino que apaga voces esenciales para la democracia mexicana.
Heras, en recuperación, reitera: «No me callarán». El futuro de la productora pende de un hilo, pero su pausa obliga a reflexionar sobre la urgencia de salvaguardar el periodismo en un país donde informar puede costar la vida.