MEXICALI.-La carrera interna de Morena en Baja California por la sucesión gubernamental es una olla de presión donde el pragmatismo electoral se enfrenta a las viejas identidades fundacionales del partido. Aunque la marca guinda mantiene una hegemonía cómoda frente a una oposición fragmentada, el verdadero desafío de la izquierda en el estado no está en las urnas generales, sino en la mesa de negociaciones internas y en la sorda batalla por el control territorial.
La situación del partido se puede entender a través de tres grandes ejes de tensión:
1. El choque generacional y de grupos de poder
El escenario político actual está fuertemente marcado por la influencia de la administración estatal en turno. La gobernadora busca consolidar un grupo político joven y dinámico, promoviendo perfiles que garanticen la continuidad de su línea política. En contraste, persisten figuras del «morenismo histórico» y liderazgos locales en los municipios —especialmente en bastiones clave como Tijuana y Mexicali— que reclaman su derecho de antigüedad y su peso específico en la movilización territorial. Esta división no siempre es ideológica; responde más bien al reparto de espacios de influencia y a la definición de quién llevará las riendas del estado en el próximo ciclo.
2. Los perfiles en la mesa
Los nombres que suenan para la candidatura reflejan las distintas almas del partido:
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El ala legislativa e institucional: Representada por figuras jóvenes del Congreso de la Unión que cuentan con un fuerte respaldo en el centro del país y una gran proyección mediática en redes sociales. Representan la renovación del discurso y el relevo generacional.
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El arraigo municipal y territorial: Encarnado por alcaldes y liderazgos locales con capacidad de operación directa con las bases. Su argumento es el conocimiento de la compleja realidad fronteriza y el control de las estructuras de votación en las colonias populares.
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El factor externo y las alianzas: Morena en Baja California ha sabido nutrirse de cuadros provenientes de otras fuerzas políticas o del sector empresarial. Aunque garantizan gobernabilidad y pragmatismo, su inclusión sigue generando recelo entre las bases fundacionales.
3. El dilema del método: encuestas vs. consenso
Oficialmente, la dirigencia nacional sostiene que el método de selección será la encuesta, una herramienta que busca dar legitimidad y frenar fracturas. Sin embargo, en el ámbito local existe una intensa operación para construir consensos previos. El gran temor de la cúpula partidista es el «fuego amigo»: que la contienda interna desgaste tanto a los aspirantes que ponga en riesgo la unidad del movimiento. La disciplina interna, que históricamente ha sido una fortaleza del partido bajo liderazgos fuertes, se pondrá a prueba a medida que se acerquen los plazos definitivos y los aspirantes se vean obligados a dejar sus cargos actuales para competir de lleno.
En conclusión, la situación interna de Morena en Baja California es la de un partido hegemónico que procesa su propia pluralidad. Al no tener un rival externo que amenace seriamente su permanencia en el poder, las verdaderas pasiones de la política bajacaliforniana se están jugando hacia adentro, en un sutil pero intenso ajedrez donde el control del presupuesto, la identidad del movimiento y el futuro de la frontera están en juego.
Texto elaborado por IA

