Presidencia de México 2018: nada para nadie en el PRI

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Por Arturo Soto

El sábado anterior concluyó en Ciudad de México la XXII Asamblea Nacional del PRI, en medio de un ambiente triunfal que contrasta mucho con la situación que vive ese partido actualmente, posicionado en un lejano tercer lugar en las preferencias electorales y con la mayor carga negativa que se recuerde.

Los meses que faltan para que comience el ‘destape’ de candidatos presidenciales serán cruciales para la democracia mexicana y en eso tendrá mucho que ver la recomposición de fuerzas políticas que en estos momentos se están reagrupando en tres grandes polos, algunos de destino incierto, como el llamado Frente Amplio Opositor, que no es ni frente, porque no incluye expresiones organizativas más diversas; que no es tan amplio porque lo constituyen fundamentalmente dos partidos políticos, y no es tan opositor porque, más que ir contra el PRI, pareciera que su objetivo central es frenar el avance de Andrés Manuel López Obrador y su Morena.

El principal acuerdo de la Asamblea tricolor, el que ha ocupado más espacios mediáticos es el de la eliminación de ‘candados’ para permitir que un no militante de ese partido pueda ser postulado candidato a la presidencia, un punto en el que no todos estuvieron de acuerdo, pero fue aprobado a mano alzada por la inmensa mayoría de los asambleístas.

Con esto se ha pretendido posicionar la idea de que tal acuerdo lleva dedicatoria para el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, hombre que no milita en el PRI y que incluso ha ocupado cargos importantes en gobiernos panistas, pero cualquier cosa puede suceder, pues se antoja difícil que el presidente de la República y jefe nato del partido, abdique de la facultad metalegal para designar al candidato por la tradicional vía del dedazo.

Hoy por hoy, no parece haber una fuerza política que alcance al tabasqueño y sus 18 años de campaña, pero hay que recordar que en las dos ocasiones anteriores (2006 y 2012) como candidato del PRD, se encontraba en condiciones muy similares.

Hoy no sólo carece del apoyo del perredismo (si bien Morena se ha nutrido de la militancia de ese partido en una muy buena proporción), sino que  tendrá que enfrentar a un PRD que si bien no pasa por su mejor momento sí cosechará una cauda importante de votos que podrían ser el fiel de la balanza en elecciones que, como han sido en los últimos 30 años, se deciden con escaso margen. Felipe Calderón le ganó a Andrés Manuel con menos de un punto porcentual, por citar un ejemplo.

A estas alturas, muy pocos parecen dudar de que el resultado que favoreció al PRI en el Estado de México recientemente, no habría sido posible sin la negativa de su candidato, Juan Zepeda a declinar a favor del Peje, aunque se debe precisar que la forma en que éste pidió esa declinación fue políticamente incorrecta, por no decir descortés y hasta grosera.

Ahora bien, en caso de concretarse el llamado frente opositor, lo más seguro es que tal alianza no se traduzca en la suma aritmética de los votos que presumen PAN y PRD. Antes bien, lo que podría registrarse en una migración de votos que tradicionalmente votan por esas opciones, pero que provienen de ciudadanos que no ven con buenos ojos esa alianza, lo que se verá con mayor claridad una vez que ésta perfile a su candidato o candidata.

Y es que en ambos partidos hay resabios importantes de contiendas presidenciales pasadas, que no han sido superadas del todo: perredistas que siguen considerando a los panistas sus enemigos y viceversa. Y a pesar de que algunas alianzas PAN-PRD han sido exitosas en algunos estados, las experiencias ya en el ejercicio del gobierno no han sido las mejores y usualmente han sido desventajosas para el PRD.

Postular a Miguel Ángel Mancera o Silvano Aureoles por el lado del PRD, o a Margarita Zavala por el lado del PAN podría significar una diáspora en esa naciente alianza. Optar por un independiente sería una salida más decorosa, pero pocos imaginan al calderonismo sumado a esa candidatura, sobre todo porque ya la sienten en sus manos con la ventaja que en todas las encuestas muestra Margarita Zavala por encima de Ricardo Anaya.

En Morena no hay vuelta de hoja: a menos que ocurra algo imprevisto, la candidatura es para Andrés Manuel.

Lo que parece un hecho en todo caso, es que finalmente se presenten tres grandes opciones electorales para 2018 y se tercie la votación en un escenario donde cualquiera puede ganar, incluso el PRI que hoy se encuentra fuera de cualquier posibilidad.

Habrá que ver cómo evolucionan las cosas tanto en el frente opositor, como en el tricolor y su eventual candidato no militante (en caso de que así sea).

Por lo demás, en la asamblea nacional se dejó sentir la presencia de la delegación sonorense comandada por la gobernadora Claudia Pavlovich y el dirigente estatal Gilberto Gutiérrez Sánchez, teniendo un papel destacado también el ex gobernador Manlio Fabio Beltrones y, en una posición más discreta, pero que sin duda fue de lo más destacada en cuanto a la organización de esta Asamblea, el senador Ernesto Gándara Camou, secretario Técnico del CEN y pieza clave en el cabildeo previo a las mesas de trabajo que antecedieron al evento final.

Otro sonorense que lució en el altiplano fue el alcalde de Hermosillo, Maloro Acosta, quien fue electo como vicepresidente de la Mesa Directiva, desde la cual tuvo una buena participación en la conducción de los trabajos.

Y en los ecos de ese encuentro, trascendió la confirmación de la cuarta visita del presidente Enrique Peña Nieto a Sonora en el primer año del gobierno de Claudia Pavlovich.

El presidente estará en Empalme el próximo miércoles para inaugurar la planta de ciclo combinado de la Comisión Federal de Electricidad, una obra en la que se invirtieron 725 millones de dólares y vendrá a contribuir en el suministro de energía eléctrica en toda la región noroeste de México.

II

Y a propósito del Frente Amplio Opositor, este fin de semana estuvo en Sonora el ex candidato a la gubernatura del Estado de México, Juan Zepeda impulsando ese proyecto.

También huno una reunión de la corriente del PRD denominada Nueva Izquierda, que en Sonora encabeza Carlos Navarro López, que habló de la necesidad de “flexibilizar las posiciones ideológicas” para permitir la convergencia de partidos y organizaciones sociales en temas como el combate a la pobreza, el aumento salarial y el combate a la inseguridad. Todo esto, “sin que implique la pérdida de principios o identidad partidista”.

Para finalizar este encuentro, se indicó que un frente con Morena no es válido, tanto por la reiterada descalificación y negativa de AMLO a integrarlo, como por la continuación de la cultura autoritaria priísta, presidencialista y de culto a la personalidad de Morena. El país requiere de una trasformación radical, pero con métodos democráticos que brinden certidumbre y estabilidad.

En Sonora, el Frente Amplio podría significar el reencuentro de los hermanos distanciados después de seis años de padrecismo, cuando una parte del PRD concretó una alianza de facto con el PAN, a cambio de prebendas y empleos en el gobierno. Algunos de ellos, como José Guadalupe Curiel, Alcira Chang, Gorgonia Rosas y otros terminaron convertidos en peones del padrecismo.

Incluso, han empujado para la conformación de un nuevo partido político, intento en el que fracasaron al no reunir los requisitos exigidos por el Instituto Estatal Electoral, concretamente en lo relativo a la cantidad de firmas acreditadas.

La Nueva Izquierda asumió en esos años una posición más crítica respecto al gobierno panista, pero en las próximas semanas podríamos estar asistiendo a ese reencuentro en el que “se flexibilicen posiciones ideológicas sin perder identidad ni principios”, pero tomados de la mano del PAN, que en Sonora sigue siendo un reducto del padrecismo. Qué cosas…

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