A la Coordinadora de la Defensa de la Transformación y Soberanía Nacional, Julieta Ramírez, le cae encima una gran responsabilidad, un trabajo agotador o una consecuencia difícil de digerir
MEXICALI.– Se consagró como la carta fuerte de Morena al arrasar en prácticamente todas las encuestas de preferencia electoral, tanto internas como externas. A sus 31 años de edad, la mexicalense Julieta Ramírez Padilla se convirtió en una pieza clave del oficialismo, asumiendo un rol protagónico como vocera del partido en debates de medios tradicionales y colocándose bajo el foco de las discusiones más polémicas de la agenda pública. Como dato de contexto generacional, la actual mandataria estatal asumió el Poder Ejecutivo a los 36.
Aunque el vínculo con la izquierda es una herencia familiar, la conexión de la hoy senadora con el expresidente Andrés Manuel López Obrador marcó su trayectoria; ella misma sostiene que su formación política emana directamente de las luchas del tabasqueño.Ante la interrogante de si arrastra facturas políticas o deudas de campaña, la respuesta apunta al «no». Si bien su carrera ascendente está ligada por cordón umbilical al equipo compacto de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, su legitimidad en las urnas le otorga un peso propio.
El verdadero reto en el horizonte no es numérico, sino narrativo. Su principal tarea operativa será la comunicación política. En el balance de resultados, la gestión que la antecede entrega cuentas y estadísticas que superan con un amplio margen a cualquier administración del bloque PRIAN previa a la transición de 2019. La batalla formal ya la ganó; ahora le toca blindar el relato de la llamada Cuarta Transformación en Baja California.

